Capítulo I- Un Viaje
El camino era sinuoso, traicionero, lento y algo melancólico. Todos en el station vagon iban apretados ya que la costumbre y la informalidad hacían ganas unos centavos mas a los conductores -acomódense un poquito atrás dan cuatro; profe pégate mas a mi lado para que entre la profesora aquí adelante damos los tres- el paisaje era parco sólo lo adornaban pequeñas plantas conocidas como Ichus y algunos cactus resecos por el calor del verano. De pronto el cielo se cerró y con ello empezaron a caer las primeras gotas de lluvia; poco a poco la llovizna se volvió en tormenta, el auto derrapaba por ya que el barro arcilloso hacia patinar las llantas y era constante el vaivén. Los pasajeros iban asustados, todos menos Darlo que iba en el maletero - sube chibolo aquí atrasito vas a ir cómodo, dale asiento a los profes- le dijo el conductor.
De pronto como si la vida misma entendiera que cada ser tiene su momento y que la vida misma quisiera que este momento no le llegara justo ahora a estos desgraciados el auto se atascó en el lodo, nadie se bajó y el conductor casi obligó a Darlo a bajarse y buscar piedras para poder salir del atasco. El diligentemente obedeció, aunque tenía las piernas adormecidas bajo y busco las mejores rocas para que salgan de aquella zanja de lodo; salieron bien librados pero Darlo quedo todo empapado y con lodo y encima viajaba pegado al cristal posterior ya que con sus fachas iba a ensuciar la ropa de los "profes" así le había increpado el conductor y Darlo más paciente que obediente le hizo caso.
Transcurrieron por el camino entre la lluvia, el vaivén del auto y el lodo; de pronto pasaron a lado de una pared de roca que estaba al borde de la carretera y como a unos 20 metros el cerro empezó a temblar... Una a una las rocas se fueron desprendiendo.La profesora que iba en la parte de adelante empezó a gritar y era su desesperación algo lógica, estaba atrapada; abrir la puerta en ese momento era caer al abismo profundo sobre el que estaba la carretera que media unas 250 yardas. Las enormes rocas una a una empezaron a rodar cuesta abajo; una mano colosal emergió de las entrañas de la montaña; los dedos, las articulaciones, los retazos de músculo estaban abrazados a rocas de múltiples vértices; trozos de piel y musculo sobresalían de las rocas como si estas hubiesen sido labras a fuego y violencia. Y lo hizo...
El enorme brazo se extendió y de repente la enorme palma extendida aplastó el auto, los gritos se callaron de golpe, solo barro, mugre y sangre rodeaban todo, pero él no estaba ahí...
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